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Nuestras musulmanas de Ceuta y Melilla

Muchas veces he pensado en nuestras hermanas de Ceuta y Melilla con mucho interés, porque son un caso particularísimo de la sociedad española en general y entre los musulmanes españoles también un caso particularísimo. Algo semejante sucede con los judíos, pero mi reflexión de este momento es para las hermanas musulmanas. Corro el riesgo de decir tonterías porque mi conocimiento de cualquier tipo sobre las dos ciudades es escasísimo y por ello, desde ya, pido disculpas.

 

Por otra parte, también creo que va siendo hora de que se les haga algún homenaje, por humilde que sea, a estas mujeres que llevan tantísimo tiempo en la vanguardia del islam español, en la vanguardia del reconocimiento de las mujeres musulmanas, si no con personalidades conocidas y reconocidas en todas partes, sí como luchadoras cívicas en la vanguardia de la población musulmana.

 

Como española a secas, me satisface mucho que lo que fue toda España en otros tiempos de más sabiduría y conocimiento, es decir, el hogar de gentes de distintas religiones haciendo su vida y sus almas en comunidad con otras, se mantenga, Gracias a Dios, en esas dos queridas ciudades africanas. Es como sentir que una madre no se ha muerto y que pronto volverá de un largo viaje, que ya queda poco para que esté como siempre con todos nosotros.

 

Como musulmana española, me alegra tener la conciencia de que hay ciudades enteras en las que ser musulmana no es nada excepcional, que se lleva una vida en la que se intenta recuperar la dignidad de media población que no está ahí por merced de nadie sino porque como todo, son don de Dios. Siento el estímulo de que hay españolas para las que ser musulmanas no es ser de un gueto, incluso aun cuando el gueto solo sea mental. Y me satisface que, haciendo a muchos comerse sus propias ideas y palabras, las musulmanas de Ceuta y Melilla estén tan vivas, tan alertas, tan activas y presentes en la política española y que haya tantas figuras destacadas por su integridad en esa lucha.

 

Nadie solemos ser imprescindibles pero, si yo lo dijera de alguien, probablemente sería de estas mujeres. Y diría más, que, si una se imagina que Ceuta y Melilla son finalmente ciudades pequeñas, tal vez su lucha no sea más fácil por la pequeñez, sino más difícil. Creo que todos hemos reflexionado alguna vez en lo enconados que pueden ser los antagonismos o las enemistades en lugares pequeños, provincianos; en lo fino que puede haber que hilar en sociedades en que es difícil dar pasos sin que cualquier de esos pasos choque con otras sensibilidades o intereses y el enorme talento que han de desarrollar esas mujeres para moverse en las luchas sociales y políticas.

 

Por todo ello, por mi respeto por toda su labor, por mi agradecimiento por lo que son y lo que hacen he querido escribir estas líneas. Me gustaría que alguna vez alguien inspirado de esas dos ciudades escribiera una memoria o un relato reflejando esa vida tan palpitante, tan apasionante y tan esforzada como creo que debe ser la de estas mujeres pioneras y ejemplo para todas nosotras.

 

 

            Un brindis halal por nuestras queridas y admiradas hermanas de las dos ciudades africanas. ¡Vivan las ceutíes y las melillenses!

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